miércoles, 25 de julio de 2007

"Vino" y el vodka


Ayer echaron del Tour a Vinokourov y a todo su equipo. Asegura la organización que el pasado sábado, cuando ganó la contrarreloj individual de Albi, dio positivo por transfusión de sangre. Vamos, que se inyectó sangre de otra persona, pero de un grupo compatible. Aun así, esto es detectable en los análisis y lo han pillado. Sus argumentos, los de siempre: "yo no me he dopado", "es una conspiración" etc. etc., pero lo mejor es esta respuesta: "He escuchado en la radio que me había inyectado sangre de mi padre. Es absurdo, puedo decir que con su sangre hubiera sido controlado positivo por vodka". Genial.


El abandono


¿Recuerdan a la señorita de la foto? Sí, es Britney Spears, las dos son la misma persona. A la izquierda hará cosa de cinco años, en el centro y a la derecha este año 2007. Había sido la niña bonita de los yankees, encarnaba a la típica adolescente de instituto norteamericano. Especialmente en aquel videoclip vestida de colegiala y acompañada por más colegialas haciendo globos con el chicle, con falda de cuadros y coletas (cierto morbo, para qué negarlo). Alimentó su imagen de niña buena con la afirmación más surrealista de los últimos tiempos: iba a ser virgen hasta el matrimonio. Y lo mejor es que su por aquel entonces novio, Justin Timberlake, decía que él también. ¿Pero estamos tontos? Un buen día faltaron a su palabra, se dejaron llevar por la lujuria, y casualmente él la abandonó poco después. ¡Como para seguir aguantándola!
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A partir de aquí, el mito se empieza a desmoronar. La señorita Spears, con 25 años, ya tiene dos hijos, casi ni canta, y lo peor de todo, ha abandonado la dieta y el gimnasio. Ya no está buena y hoy es el esperpento que arriba figura. Es la viva imagen del abandono. Una mujer triste que va de fiesta en fiesta en compañía de la perla por excelencia, Paris Hilton (¡gran cerebro!). Que si ahora se me sale un pecho del vestido, que si ahora me agacho y se me ve todo. Señora, su físico es realmente desagradable. Usted ya no provoca ni escándalo ni morbo. Más bien provoca muecas. Es lo que tienen las cosas desgradables.
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Estos días intenta volver a cantar: las críticas han sido criminales, tanto por su apariencia y su voz, como por su actitud. Dicen que en su vuelta a los escenarios parecía ir pasada de vueltas, como revolucionada ... no sé a qué se refieren exactamente, no querría pensar que además perder la virginidad antes de tiempo, además de ganar todos los quilos del mundo y además de dar pena cada día, se ha dado también a las drogas.
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Los yankees pierden a uno de sus mitos. Como mínimo aquí nos quedan Elsa Pataki i Kira Miró. Dios las conserve como están.

lunes, 23 de julio de 2007

El fin del mundo


Esta mañana estaba yo pululando por el Decathlon de L'Illa. Debían ser sobre las 10:45 cuando se ha ido la luz. El apagón ha sido inmediatamente respondido por un divertido "Ooooh!" por parte de los allí presentes y el disparo de todas las alarmas sonoras que se podían disparar. TODAS. De repente empiezan a aparecer señores de Prosegur y nos conminan a abandonar el establecimiento. Ante las urgencias y la cara de susto de los señores en cuestión, lo primero que piensas: "aviso de bomba". Pero no, informan que ha sido "sólo" un apagón. Yo en la puerta del Decathlon esperando acontecimientos, y mientras, delante mío, una señora indignada cuando era desalojada de la Mango, poque no podía completar sus compras. Cazurra, ¡no ves que las cajas no funcionan!

Desisto de esperar una reparación rápida y me voy a curiosear por el centro comercial. En un cajero automático, un señor maldiciendo y blasfemando porque, con la tarjeta dentro, el chisme se ha apagado. Las escalera mecánicas, evidentemente, han fallecido. En los ascensores parece que hay gente atrapada, y las barreras y cajeros del parquing no funcionan. Una vez observado el caos con la leve sonrisa de a quién no le va nada en todo esto, salgo a la calle. El desorden es generalizado. El tranvía se ha quedado tirado en medio de la calle Numancia. En las puertas de los edificios de oficinas se amontonan los empleados que, sin ordenador ni luz, se abandonan al ocio. Y camino de mi casa llega lo más arriesgado: cruzar la Diagonal sin semáforos. Nunca había pasado tanto miedo. He temido por mi vida e incluso le he dedicado una peineta a un transportista que casi me arrolla, acompañada de un "¡capullo!". Pero aquí estoy, sano y salvo.

Media ciudad se ha apagado. Resulta paradójico. En una época donde todo tiende hacia la autonomía; con teléfonos móviles, tarjetas de crédito, mandos a distancia, satélites, ordenadores portátiles, Internet, transporte público y carril bici, resulta que se quema un chisme y todo se nos va a tomar por culo. Nos sumimos en el caos y el alarmismo más absoluto, y ni podemos trabajar, ni comprar, ni desplazarnos, ni comunicarnos. Para colmo, si hacemos caso de los informativos, parece que estemos al límite de los disturbios, el pillaje y la anarquía más absoluta. ¡Anda ya!. Si no hay luz, enciende una vela. Si no funciona el móvil, llama desde un fijo o espérate. Y si no va el metro, coge el bus. Nos hemos vuelto unos comodones, unos pijos y unos lloricas. Cada vez que en nuestro súpersofisticado y súperavanzado sistema de vida falla algo, se nos cae el mundo encima. Hoy he visto mucha gente irritadísima. Hace años todos llamábamos desde la cabina y pagábamos en efectivo. Pues un poco de paciencia, coño.

¡Ah! lo mejor de todo ha sido que lo único que no ha resultado afectado, ha sido el servicio de cercanías de RENFE. Yo me parto.


sábado, 21 de julio de 2007

El abuelo dando guerra


Debo reconocer que mi adolescencia cinematográfica no fue especialmente brillante. Los títulos que me marcaron cuando andaba por 8º de EGB no eran en absoluto dignos de Óscar, pero qué le vamos a hacer. Si me quería reír, siempre estaban Bud Spencer y Terence Hill dando sopapos (Le Llamaban Trinidad, un clásico ...). Pero lo que más nos gustaba, y de lo que hablaba todo el mundo en clase era de Stallone en Rambo III, de Schwarzenegger en Terminator y Desafío Total, de Chuck Norris en Desaparecido en Combate, de Van Damme en Kickboxer (qué cabrón era Tsong Po, el malísimo de la saga) y, cómo no, de Bruce Willis en Jungla de Cristal. Era el cine de acción de los 90, infinitamente mejor que el actual, sin ordenadores y mucho más realista. Hoy ya estamos curados de espantos y vamos al cine sin que nada nos impresione. Nosotros quedábamos los viernes para merendar y ver las películas en VHS, y ahora, a los 13 años, ya pasan las tardes de los viernes haciendo cola en Up&Down. Qué pena.

Aquí empezó mi idilio particular con el ahora alopécico actor. Con el tiempo he descubierto referencias como Robert de Niro o Al Pacino, pero Bruce Willis tiene un no sé qué que me hace ver todas sus películas. De todos sus rivales en el cine de acción es el que tiene un físico más creíble y más común entre los mortales, y no como el gobernador de California. Es simpático y expresivo, no como Van Damme y Seagal, dos grandes sosos. Es un bruto con clase y sentido del humor. Y además cuenta con uno de los mejores doblajes del cine español: todo el mundo alaba a Joan Pera doblando a Woody Allen. Correcto, sí. Pero me quedo con Ramón Langa doblando a este señor, con su sonrisa de sobrado.

Después de verle salvar el edificio Nakatomi de Los Angeles en la primera entrega de La Jungla, vinieron dos secuelas muy en la línea. Eran más de lo mismo: secuestradores en el aeropuerto de Washington i terroristas en N.Y. Y él siempre los elimina, salva a los inocentes, destroza media ciudad, y acaba como un héroe. El argumento es francamente previsible, pero a mí me encanta la saga Die Hard. Qué le vamos a hacer, soy así de primario.

El 4 de septiembre llega la entrega 4.0, Live Free or Die Hard. Dudo que el argumento varíe demasiado: falta ver qué ciudad salva y qué actor encarna al malo, pero el resto será igual. Pues yo ya estoy impaciente. Tengo ganas de ver a Bruce Willis otra vez saltando. En los últimos años le he visto haciendo papeles cursis en Friends, intentando ir de dramático en El Sexto Sentido y en bodrios como Armageddon y Chacal. Sólo me ha convencido en Sin City (peliculón) y en El Quinto Elemento. Pero en septiembre vuelve con su gran personaje. Con 52 años, y ya calvo y desmejorado. Ya estoy ansioso por ver en que escena de acción trepidamente John McLane se para en seco, sonríe, y le dice al villano aquello de "Yippi kai ai, hijo de puta". A saber qué significa, pero cómo mola.

miércoles, 18 de julio de 2007

Sei grande


Ahora que el ciclismo vive sus peores momentos, ahora que ha perdido su crédito y ahora que todo el mundo -con razón- mira al ciclista con la duda de si está mirando a un tramposo, quiero acordarme de alguien. Del último gran ciclista, o como mínimo, del último que nos hizo vivir el ciclismo como algo épico.
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El Pirata era una persona afable y carismática. Con aquel carisma que despiertan algunos grandes campeones italianos que, lejos de ser atractivos como gladiadores, son más bien feos y simpáticos. Paolo Maldini i Alberto Tomba, por ejemplo, son grandes campeones y se le respeta. Pero Marco Pantani i Valentino Rossi tienen algo mucho mejor: el cariño de la gente. Porque han sido los mejores, pero sobre todo, porque la fama nunca les cambió y siempre fueron y serán los campeones del pueblo.
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Una vez acabado Indurain, me invadió cierto pesimismo. Algunos personajes se disputaban los galones de nuevo líder del ciclismo: un danés autista (Rijs), un suizo (Zülle) que no veía tres en un burro, un ruso mudo (Tonkov), un joven alemán duro pero sin clase (Ullrich) y un español (Olano) que nunca fue lo que muchos pretendieron que fuera. Ninguno nos convencía. Pero ahí, en medio de tanto campeón falto de carisma, saltó él.
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El espectador siempre se identifica con el escalador. Cuando la carretera se inclina más, cuando las condiciones son peores, cuando cada pedalada cuesta un mundo, el escalador, pequeño, ágil y agresivo, se levanta y ataca. Es el momento en que tú, desde tu sofá exclamas un "Oooh!" y se te dispara el pulso. Pues Marco era el mejor: siempre que la carretera subía, ya sabías que él iba a atacar, y sólo cabía ver cuándo. Los escaladores sacan ventaja en la montaña, pero lo pierden todo en la contrarreloj. Él fue la excepción. En el 98 le sacó 9 minutos a Ullrich en una etapa alpina de leyenda, franqueando la Croix de Fer i el Galibier con lluvia y frío. Épica pura. Luego consiguió dosificar su renta y llegó de amarillo a París. Tardaremos años en volver a ver a otro escalador puro ganando La Grande Boucle.
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Más tarde llegó Armstrong. El dictador de la carretera. Un superciclista que nunca cuajó entre los aficionados por su tiránico dominio de la carrera y probablemente también por su enemistad con el "amigo Marco". No toleraba los desafíos. En el 2000, subiendo el Mont Ventoux, Pantani lanza hasta cinco ataques demoledores y rompe la carrera. Armstrong le caza increíblemente antes de meta y le cede la victoria. ¿Reconocimiento o humillación? Me inclino por lo segundo. Y desde entonces le odié. Le odié por oscurecer el gran día del Pirata.
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A partir de ahí empieza su descenso. El deporte pudo con él. Los escándalos de doping, las deudas y los malos consejeros, hicieron mella en una personalidad débil. Una carrera deportiva abocada al fracaso, una autoestima por los suelos y un refugio de polvo se llevaron al Pirata. Poco me importa. Yo todavía lo veo de pie sobre la bici, pañuelo en la cabeza. Siempre atacando, entre la niebla y la lluvia. Y siempre sonriendo a su gente.

Descansen en paz



Esta mañana he hecho una prueba. Hace algunos meses que Cuatro emite algo llamado Smack Down, lo que vendría a ser el Pressing Catch del siglo XXI. Nunca me había propuesto mirarlo, supongo que temía la decepción de ver roto uno de mis grandes recuerdos de infancia. Hulk Hogan, El Último Guerrero, El Enterrador, Terremoto Earthquake, El Hombre del Millón de Dólares, Jake 'The Snake' Roberts, Macho Man, Los Sacamantecas y un largo etcétera. Yo, aún no un adolescente, me sentaba delante de la tele y alucinaba. Eran auténticos mitos. Superhombres. Y lo mejor, el 'Baile de San Vito' que hacía resucitar al Último Guerrero cuando ya parecía vencido. En fin, era un recuerdo del nivel de Oliver & Benji, el Equipo A o McGyver.

Un día, en la escuela, comenzó a correr un rumor que me hizo estremecer: "los de Pressing Catch no se pegan de verdad". No podía ser. Era casi peor que descubrir quiénes eran realmente los Reyes Magos. A partir de ese día pasé a mirar el programa con cierto recelo: "sí, quizá no le ha roto realmente la silla en la espalda" o "es posible que la silla eléctrica no le haya dolido y esté fingiendo". Pero en fin, no necesitaba saber la verdad. Seguí creyendo en mis superhombres hasta que Tele5 dejó de emitir. Entonces llegaron Gokuh, Músculman i Los Vigilantes de la Playa (coincidiendo con la entrada hormonal en la adolescencia) y los olvidé.

Pero hoy he dicho: "vamos a ver Smack Down". Una gran bazofia. Personajes sin ningún carisma, pésimos actores y realmente fofos (que yo recuerde, los de antaño estaban más cuadrados ... ). Un espectáculo de luz y color, con decenas de cámaras, pero sin ningún interés. Y si esto ya me ha decepcionado, peor ha sido escuchar la decadencia del gran Héctor del Mar, aquel narrrrrador a quien todos habíamos imitado. Ha caído en el abuso de la broma fácil y es una caricatura de lo que fue. Cuatro ejemplos cazados en los poco más de cinco minutos que he aguantado sin cambiar de canal: "este árbitro es más soso que un yogur de agua", "es más peligroso que un tiroteo en un ascensor", "más tierno que King Kong haciendo ganchillo" y "está más triste que Adán en el Día de la Madre". Ahí queda eso.

Pressing Catch ha muerto para mí (aunque Hulk Hogan y El Último Guerrero siempre estarán en mi memoria). Descansen en paz. Siempre me quedará Humor Amarillo. Pese a que ya no comenten los Gomaespuma, me sigo partiendo como el primer día viendo a unos 'japos' freakies saltando las zamburguesas, en el laberinto del Chinotauro, la tabla de planchar y los rollitos de Primavera. ¡Viva el coronel Takeshi!



martes, 17 de julio de 2007

Reivindica lo simple

El pasado domingo leía una entrevista a Matt Groening, el creador de Los Simpson. Es el típico ejemplo de genio despistado. Explicaba que diez minutos antes de la reunión con el que iba a ser el productor de la serie, dibujó en una servilleta amarilla unos monigotes que tenía en la cabeza, y de ahí el color de los habitantes de Springfield.

Pero hubo una frase que me llamó mucho la atención: “el público tiende a lo simple y siempre se identifica con el más estúpido. Por eso Homer es el personaje de la serie más querido”. Yo soy uno más de esos adeptos. He llegado a decir en voz alta que “de mayor quiero ser como él”. Despistado, desaliñado y despreocupado, causante de mil hecatombes, pero al fin y al cabo un triunfador que ha levantado una familia. Supongo que es porque sé que nunca seré así. En el mundo en que vivimos la imagen, la responsabilidad y las obligaciones son inevitables. Es imposible “sudar” de todo, como hace él. Pero me encantaría.

Y la verdad, sudar un poco más de las cosas es lo que deberían hacer algunos. Resulta que a sólo 10 días del estreno de 'The Simpsons, The Movie', los responsables de la promoción han hecho esto:


En un campo de Dorset, en el sur de Inglaterra hay una figura perfilada en unas colinas calcáreas: el gigante desnudo de Cerne Abbas. Mide 55 metros, dicen que data de hace más de 2.000 años. Y sí, como podéis apreciar, va erecto y empuña un garrote. Los cultos paganos siempre lo han considerado un dios de la fertilidad y mujeres de todo el mundo, aún hoy, viajan hasta Dorset para quedar preñadas. En fin ...
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Pues bien, estos días ha aparecido dibujado a su lado un Homer gigantesco, en gallumbos (bastante más digno que el señor erecto), y desafiándolo con un donut en vez de un garrote. Pues muchos ya han puesto el grito en el cielo (muchos freaks, se entiende). La Federación Pagana de Wessex dice que ya rezan para que llegue una lluvia mágica y borre la insolente y vergonzosa silueta de Homer. Poca feina, que dirían en Cataluña.
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Señores paganos federados, la lluvia no es mágica, es húmeda y poco más. Y desde aquí, desde la Federación de Admiradores de Homer Aún No Asociados, esperamos que no llueva. Que el Dios Sol seque la imagen bien rápido, para que así nuestros nietos y nietas puedan peregrinar a Dorset. No para ver un señor erecto con un garrote (lo que bien podría entenderse como la imagen del típico maltratador), sino para ver a un señor divertido, desenfadado y con una gran filosofía de vida: la de la SIMPLICIDAD.


Crack


Hagamos un ejercicio de suposición. Supongamos que un día te casas. Tienes un hijo que con el tiempo acaba siendo ligeramente rollizo. Te divorcias por razones que no vienen al caso y ves a tu orondo retoño sólo los fines de semana. Y un verano te iluminas: "Mira, me llevaré al chaval a los Sanfermines". No le daré kalimotxo, porque el crío aún es joven, no sea que con los años acabe como yo. Pero eso sí, lo voy a hacer un hombre. Le compro unos pantaloncitos bancos, un pañuelo rojo y lo pongo a correr delante de un Domecq de 500 quilos. El niño, que en clase de gimnasia nunca ha sido un privilegiado, hace lo que puede, corre, se pone rojo, resopla ... y tú a su vera, riendo orgulloso. "¡Qué bien lo pasemos!". Salís airosos de la experiencia y os metéis un chuletón para celebrarlo (por aquello de seguir colaborando en el desarrollo corporal del crío). Tú eres un crack y tu hijo va por el camino.

El Lunes vuelves a Madrid y se lo devuelves a su madre. Ya cuando abre la puerta percibes que no está de buen humor. "¿Qué tal por Pamplona ... bien, no?". Respuesta: "Pfff, lo normal, mucha gente y mucho guiri". Y entonces te dice "¿Sabes que Cuatro este año ha hecho unas retransmisiones de la ostia, no?". Ups. Marrón al canto. "Despídete del crío, que tardarás en verlo". Marronazo. Un juez sin sentido del humor, quizá una juez feminista y con cero comprensión, te quita el régimen de visitas. Has perdido al crío por un fin de semana. Un fin de semana de crack.

domingo, 15 de julio de 2007

Desactualizados


Vivimos en una época en que todo se actualiza. Windows XP pasa a ser Windows Vista. Los ordenadores i los coches no viven más de cinco años. Los móviles no más de tres. Las novias no duran demasiado (toquemos madera). Vamos, que estamos en un mundo en permanente renovación. Pero a veces nos sorprenden ciertos atisbos de antigüedad, de resistencia a la evolución natural, de desactualización. He aquí algunos ejemplos:

- las personas que se suenan con un pañuelo de tela y no con un kleenex (qué delicia, cuando el moquito se seca y el pañuelo queda crujiente y acartonado)
- las que envían cartas escritas a mano (pronto olvidaré cómo se hace)
- las que escuchan música en cassette
- las que llevan zapatillas Paredes (¡los más grandes!)
- los conductores averiados que no llaman a la asistencia por móvil, sino por el teléfono de SOS de la autopista
- los enchufes que no se pulsan, sino que se giran; aquéllos con forma de grifo (y que suelen hacer chispa)
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El denominador común de los casos anteriormente citados suele ser una media de edad superior a los 50 años, salvo en las zapatillas Paredes. En ese caso hablamos de auténticos nostálgicos que conservan una reliquia del nivel del Santo Grial.
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El mundo está lleno de desactualizados. Seguiré buscando.

sábado, 14 de julio de 2007

No se dejen engañar


Topo Giggio, Mickey Mouse, Stuart Little, el Ratoncito Pérez ... todos son monísimos i todos nos resultan entrañables y simpáticos cuando somos niños. Pero cuando crecemos, descubrimos la verdad: el ratón es el más gran cabrón. ¡Qué engañados hemos vivido!

El pasado miércoles arranco mi modesto Seat. Hasta aquí todo normal. Pero cuando paro en el primer semáforo, Diputación con Pau Claris, me percato de un testigo luminoso encendido en el panel del coche. Es uno con forma de motor. Evidentemente, yo no tengo la más remota idea de qué significa, y recurro al manual. Página 82, dice así: "Avería en el sistema de control de emisiones". Llamo a mi taller habitual y me dan cita para el viernes.

Llega el día. Me cogen el coche con un "tranquilo, que seguro que no es nada, algún fallo del sistema que evita que el coche contamine, y te entrará en garantía". Buf. Bendita garantía. Pero al mediodía suena el teléfono. Un chico con acento de Con·nellà me da la noticia: "la garantía no te cubre esta reparación" ¿Comorl? "Tienes cables roídos" ¿Roídos? Yo no suelo morder los cables. "Por un roedor" me aclara. Mi única respuesta: "Yo flipo". ¿Un ratón? ¿En mi motor? ¿Por qué entra? Y lo mejor: ¿por qué narices muerde plástico? Me documento en Google. Parece que no es una cosa tan rara. Es más habitual de lo que parece. Suben por las ruedas y una vez dentro mordisquean lo que encuentran. Y especialmente los cables. Dicen que les encantan. Incluso aseguran que dejaron a oscuras un pueblo de Galicia porque roían los cables de las farolas. En el taller me enseñan los cables que han cambiado. Están realmente mordisqueados. 38€ que pago gustosamente. Pero ¿a quién se los reclamo? El ratón no creo que lleve suelto encima.

Mi única posibilidad de venganza pasa por su muerte. En mi plaza de parquing ya hay cuatro bolsitas con veneno: una para Mickey, una para Stuart, una para Pérez y una para Giggio. Cuatro grandes cabrones. "Una única ingestión", reza la caja. A ver si hay suerte. Malditos roedores.

jueves, 12 de julio de 2007

¿Contaminados?


¡Qué bien! los afortunados residentes en BCN ahora tendremos que ir por nuestras carreteras más próximas a 80 km/h. Muy acertado, sí señor. Dice nuestros señores del govern que así se reduce la contaminación. Lo dicen, pero no lo demuestran. Aún espero que organicen una rueda de prensa con unos científicos que me aclaren (a mí y a todos) que ir en tercera y en cuarta, con el motor más revolucionado, contamina menos que ir con marchas largas y con el motor menos forzado. Otros dicen que en Alemania lo estudiaron y lo acabaron descartando. Pero claro, los alemanes no pueden ser una referencia, nosotros siempre tenemos que ser los primeros, los más guays, los más progres y los más rompedores.

Pero me ponga como me ponga, la ley se aprueba, y venga, todos a 80. Díganme qué sentido tiene. Todos los trayectos de entrada y salida de BCN serán 25 minutos más largos, más o menos. ¿Para qué queremos entonces autovías y autopistas de tres carriles y preparadas para ir a más de 100? Y cuando lleguemos al peaje de Martorell ¿por qué le pagaremos a Acesa? ¿Por haber ido a la misma velocidad a la que iríamos por una comarcal? Vamos más allá: ¿alguien irá a 80 por un martes a la 1 de la madrugada en una autovía, cuando no hay casi tráfico? seguro que esta medida va acompañada de un aumento de radares. Ellos dirán que es para "asegurar el cumplimiento de la norma". Mentira. Saben que muchos no la respetarán y una vez más, vamos a recaudar. Y entonces dirán: "al que no le guste, que coja el transporte público". No sé, ¿qué cojo? ¿la Renfe que nunca llega, o un bus que irá a 80?. A cagar.

lunes, 9 de julio de 2007

Una lanza en favor de los pedales


Para el gran público, el mundo del ciclismo ha sido una gran decepción los últimos años. Muchos de los que se tumbaban en el sofá para ver a Induráin o Pantani subir L'Alpe d'Huez, seguramente han dejado de hacerlo, o como mínimo lo hacen como quien mira Pressing Catch, es decir, sin creérselo demasiado.

De acuerdo, los ciclistas se dopan. Todos lo hacen. Y les incitan a ello desde que dan el salto a profesionales. Sus directores se dopaban cuando corrían, y sabían que los pocos buenos contratos que mueve este deporte, son para los ganadores. Por tanto, había que ganar cuando ellos corrían, y hay que ganar ahora que ellos mandan, porque los grandes sponsors ponen el dinero en los grandes equipos. Que nadie se engañe: ahora todos acuden al médico, y hace 15-20 años todos iban también al médico, pero entonces, ilusos de nosotros, no lo sabíamos.

Pero no nos confundamos: doping no es droga. El doping es una práctica ilícita para aumentar el rendimiento deportivo. Los hay que recurren a productos de laboratorio (hormonas de crecimiento, testosterona ...) y los hay que recurren a las autotransfusiones (es decir, a su propia sangre oxigenada, congelada, y vuelta a inyectar cuando van justos de fuerzas). Es una trampa, y es un deporte de tramposos. Y un deporte de tramposos tolerado por un gran tramposo, como es la UCI, que no cerrarà el grifo del doping del todo, porque matar el espectáculo sería matar la gallina de los huevos de oro. Y si no, perguntémonos como es posible que los ciclistas empiecen y acaben el Tour de Francia entre el 49 y el 50% de hematocrito (glóbulos rojos) en sangre. Un deportista 'limpio' empezaría al 47% y acabaría al 40%, por un desgaste evidente y natural. Pero no, ellos no. Los superhombres acaban mejor de lo que empiezan. Piensen en bolsas rojas criogenizadas, y saquen las inevitables conclusiones. Pero repito, quien tolera, y quien pone el límite al 50% es la propia UCI. Por tanto, gran hipocresía la suya, hablando de la cruzada por la limpieza en su deporte y a la vez permitiendo estas prácticas.

Pero no debe sorprendernos. Se hace ahora, y se ha hecho durante décadas. Citar a Pantani y Virenque es evidente, pero ¿qué hay de estrellas fugaces como Berzin o Tonkov? Una gran temporada donde van como motos, y la vida solucionada. ¿Qué decir de un Olano que gana el mundial de Colombia, sin hacer casi entrenamiento de altura, viniendo de hacer la Vuelta a España, y superando a un Indurain que llevaba un mes entrenando en Bogotá? En fin, preguntas lanzadas al viento ... De momento, Rijs, conocido en círculos reducidos como Mister Sixty (sesenta, el porcentaje de hematocrito que llevaba en sangre cuando ganó a Miguelón) ya ha salido del armario. O del congelador.

El caso es que todo gran campeón ha ido ligado siempre a un gran médico. Aporto algunos nombres, y que cada cuál establezca sus relaciones: Ullrich, Basso, Sabino Padilla, Ferrari, Indurain, Pantani, Eufemiano, Cecchini, Armstrong, y un largo etcétera. Algunos incluso conviven en la misma urbanización en Italia. Pero los medios callan. La Ley del Silencio es demasiado poderosa. Los unos dependen de los otros. Médicos de ciclistas (porque pagan); ciclistas de médicos (porque les hacen ganar); directores y corredores dependen también unos de otros, y la UCI, evidentemente, depende de todos ellos. Y si no, pregúntense también porqué ningún corredor relacionado con Eufemiano Fuentes ha cargado contra él. Los corredores les deben a los médicos lo que son y la vida que llevan. Por tanto, todos callados.

Y ¿qué hacer para salir de esta espiral viciada? Pues la solución es casi imposible. Qué vamos a hacer ... reducir carreras, penas más duras ... tonterías. Este deporte hay que limpiarlo desde la base. Los chavales tienen que subir a las categorías profesionales limpios, y no les pueden poner entre la espada y la pared; no les puedes plantear este dilema: deporte sucio y éxito, o deporte limpio y fracaso. Lo dicho, difícil solución, porque el grado de vicio ahí dentro es máximo.

Pero ¿saben que ayudaría? que se abrieran las cortinas de otros deportes. Así tal vez no endemoniaríamos a los ciclistas, y veríamos que esto está mucho más extendido de lo que sospechamos. ¿Es normal que en cada mundial de natación se rebajen 12 récords mundiales? ¿Tanto mejora la depilación y el tejido de los bañadores cada dos años? Es normal que los tenistas aguanten cuatro partidos seguidos de cuatro horas con las contracturas criminales que tienen en la espalda? ¿Los atletas (sobre todo los de fondo, los más parecidos a los ciclistas) también van limpios? Y el deporte intocable, el deporte rey ... ¿qué coño (con perdón) me explican de puntas de rendimiento y plannings de preparación? No entrenan, no hacen pretemporada, y llegan a final de temporada más fuertes que al principio.

Lo que quiero decir con todo esto es que el ciclismo no es el único antro de vicio y perversión en todo esto. Señores, el deporte es dinero. Son contratos de ropa y zapatillas. Contratos con marcas de coches y relojes. El deportista es un personaje que depende de otro personaje absolutamente mezquino como es su representante, que también quiere su pellizco. Y el deportista, a los trentaypocos, se retira. Por tanto, tiene que rendir al máximo en sus diez años de plenitud. Y si no es el mejor, tiene que hacer lo que sea para estar entre ellos. Las ayudas médicas en el deporte están mucho más extendidas de lo que creemos. Los ciclistas no son pérfidos y malvados. Y que ya está bien de tanta hipocresía por parte del señor Lissavetzky y similares. Falta arrojo para levantar más alfombras.

Yo, por mi parte, y ya curado de espantos, seguiré tumbándome en mi sofá a ver el ciclismo. Y a ver atletismo y natación ... como quien ve Pressing Catch, que ve un espectáculo con actores desmitificados. Pero yo lo disfruto como el primer día.