jueves, 30 de agosto de 2007

0,7

Cada vez veo más claro que hay un elevado porcentaje de científicos que simplemente se aburre. Porque, si no, no acabo de entender como puedes dedicar tu tiempo a esto. Y más cuando se te supone un coeficiente superior a la media y una mente privilegiada.
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Vamos a ello: unos cerebritos ingleses han realizado un estudio según el cual Jessica Alba y Eva Longoria son "matemáticamente perfectas". Dicen haber desarrollado una fórmula matemática para medir el atractivo sexual de las mujeres y las posibilades de moverse sensualmente. Han ideado una ecuación que se basa en la proporción entre la anchura de cintura y caderas (¿?) y da un resultado. El resultado ideal, el súmum, es dar 0,7, y eso es lo que dan las proporciones de estas dos señoritas. Según la ciencia, son las mujeres físicamente perfectas. ¿Pero estamos tontos? ¿Para eso hace falta calculadora?
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Dicen que Marlyn daba 0,69 y que, por tanto, sólo era casi perfecta. Pero lo más indignante es que Angelina Jolie les da 0,75. ¡Basta! Por eso ya no paso.
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Sólo se me ocurre una respuesta a tanto talento malgastado. En el instituto y en la universidad había dos clases de alumnos, los de bar y los de clase. Los de clase generalmente tomaban apuntes, sacaban excelentes, miraban de reojo y tenían pocas relaciones sociales. Y los de bar (o sea, yo y los míos) normalmente jugaban a fútbol, se emborrachaban por las noches e iban visiblemente salidos, gritando un "hala" o un "ole" a toda fémina que pasaba por delante. Pues ahora intuyo que los de clase eran tan o más salidos que nosotros. Este estudio matemático es la prueba. Alba y Longoria los ponen muy cachondos. Como al resto de la humanidad, no pasa nada. Pero su retorcida mente les lleva a hacer ecuaciones con el cuerpo femenino. O sea, mentes brillantes, pero con la misma mirada sucia del resto de los mortales. Supongo que reconocerlo les situaría a nuestro nivel, así que se inventan cosas rarísimas. ¡A mí no me engañáis, empollones!. Hasta para decir algo tan simple como que una tía está buena, tenéis que demostrarlo. ¡Freaks!.

martes, 28 de agosto de 2007

¡Yo no soy tonto!


Ante todo, todas mis condolencias para la familia y allegados del futbolista Antonio Puerta. Dicho esto, saco mis dudas. Porque, la verdad, no lo entiendo. No entiendo que un joven de 22 años, deportista de élite, en principio con pocos malos hábitos, y que pasa controles médicos muy frecuentes, pueda sufrir 9 paradas cardiorespiratorias en pocos minutos. No digo que no pueda ser, porque existen factores congénitos, existen imprevistos y el cuerpo humano, por supuesto, es falible e impredecible.

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El problema es que el caso de Puerta no es el único. Hagamos un poco de memoria: en el 2003 muere el húngaro Feher (24 años) durante un Benfica-Vitória Guimaraes de la liga portuguesa y un año más tarde muere el camerunés Foé (una auténtica bestia parda), en un Camerún-Colombia. El primero de un infarto; el segundo por una trombosis pulmonar. Estos dos casos fueron llamativos, pero hay muchos más: he encontrado una relación documentada de hasta 27 futbolistas fallecidos, bien entrenando, bien en pleno partido, desde 1990. Brasileños, paraguayos, ghaneses, argentinos, y un largo etcétera. Alguno por algún desafortunado balonazo en la cabeza, pero la gran mayoría por paradas cardíacas, colapsos y aneurismas cerebrales. Todos los casos, súbitos e inexplicables por los médicos que les seguían en su día a día.
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Entonces ¿qué pasa? Sigo sin entender, y ya sólo se me ocurre pensar mal. Y alguien que ha seguido el ciclismo muy de cerca, cuando piensa mal, piensa en doping. Me explico. En ciclismo hay doping, mucho doping, pero está más controlado que en ningún sitio. Es el único deporte con análisis de sangre, y tienen un límite permitido de hematocrito en sangre (glóbulos rojos, los que oxigenan los músculos) del 50%. Es el límite aconsejado para evitar reacciones adversas del organismo. Los ciclistas van controladísimos por los médicos de los equipos, y cuando pasan del 50% es por muy poco, suelen dar positivo por un 52-53% como máximo. Vamos, cuando al doctor se le va un poco la mano. Pero eso pasa en los pedales, hay doping, pero con control. ¿Y en el resto? pues nada. Si lo hay, debe haber barra libre, porque sólo te miran la orina, y así sólo te detectan si te has fumado un porrito y poco más.
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Pongamos ejemplos concretos. Un ciclista abandona un equipo alemán y en su nueva formación le extripan un riñón por una dosis excesiva de hormona de crecimiento (más vale no citar, que las demandas están a la orden del día). Esta hormona, está evidentemente prohibida en ciclismo, pero no en el Deporte Rey, porque ni tan siquiera hacen nada por detectarla. En Argentina sospechan que un chaval que dejó Newell's siendo un "enanito" por un déficit de esa hormona en su cuerpo, en La Masia ha crecido hasta el metro setenta porque le administraron esa hormona de forma exógena. Sospechas, claro. Sin fundamento. Sigamos con este ejemplo. ¿Qué le aportamos a un deportista administrándole más hormona de crecimiento? Pues le aumenta la masa muscular sin aumentar la masa grasa, por lo que aumenta la fuerza y la velocidad. Mmmmm, sí, le podría resultar útil a un futbolista. Pero su uso excesivo y sin control ... ¡ay! ... provoca hipertensión arterial e insuficiencia cardíaca y puede llevar a la muerte. Casualidad, supongo.
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Más datos hipotéticos. La EPO (eritropoyetina) es una hormona que se administra a la gente con grandes anemias producidas por cáncer y similares y que ayuda a generar glóbulos rojos. O sea, que ayuda a oxigenar la sangre y a retrasar la fatiga muscular y facilitar su recuperación. Y su uso sin control ... ¡ups! ... espesa demasiado la sangre y puede obstruir las arterias y provocar insuficiencias cardíacas o embolias cerebrales con resultado de muerte.
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También están los corticoesteroides, que ayudan a tolerar el dolor y prolongar el esfuerzo, pero también puede llevar al fracaso cardiovascular y a la ... ¡muerte por parada cardíaca! Todo un poco raro ¿no?
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Y los que más me gustan, mis preferidos, son los diuréticos, porque parece que un uso intensivo diluye otras sustancias dopantes para poder pasar los controles de orina. Pero su uso excesivo también provoca ... bueno, ya paso de decirlo, que ya cansa. Estos son algunos ejemplos, pero seguro que hay muchos más. No querría ser como Mel Gibson en Conspiracy Theory, paranoico perdido, pero me gustaría aparecer en el próximo panfleto de Media Markt, gritando aquello de "Yo no soy tonto". Porque me llama la atención que Puerta jugara precisamente en un equipo donde todos van como motos. Hasta el insigne Olegario correría los 100 metros en menos de 10 segundos si fuera al Pizjuan. Porque no me creo que los otros deportes fuera del ciclismo vayan limpios. Como lamentablemente tampoco creo que nadie ose abrir este armario para matar a la gallina de los huevos de oro.
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¡Ah! por cierto. Otro misterio CSI, ahora en balonmano: Vladimir Rivero, portero del Portland San Antonio de Pamplona. También un infarto inexplicable, porque quienes le conocían decían que estaba como un toro. Y paro ya, porque se me va la mano y veo jeringuillas por todas partes. Pero me temo que los casos citados no serán los últimos, y si no, tiempo al tiempo.

miércoles, 25 de julio de 2007

"Vino" y el vodka


Ayer echaron del Tour a Vinokourov y a todo su equipo. Asegura la organización que el pasado sábado, cuando ganó la contrarreloj individual de Albi, dio positivo por transfusión de sangre. Vamos, que se inyectó sangre de otra persona, pero de un grupo compatible. Aun así, esto es detectable en los análisis y lo han pillado. Sus argumentos, los de siempre: "yo no me he dopado", "es una conspiración" etc. etc., pero lo mejor es esta respuesta: "He escuchado en la radio que me había inyectado sangre de mi padre. Es absurdo, puedo decir que con su sangre hubiera sido controlado positivo por vodka". Genial.


El abandono


¿Recuerdan a la señorita de la foto? Sí, es Britney Spears, las dos son la misma persona. A la izquierda hará cosa de cinco años, en el centro y a la derecha este año 2007. Había sido la niña bonita de los yankees, encarnaba a la típica adolescente de instituto norteamericano. Especialmente en aquel videoclip vestida de colegiala y acompañada por más colegialas haciendo globos con el chicle, con falda de cuadros y coletas (cierto morbo, para qué negarlo). Alimentó su imagen de niña buena con la afirmación más surrealista de los últimos tiempos: iba a ser virgen hasta el matrimonio. Y lo mejor es que su por aquel entonces novio, Justin Timberlake, decía que él también. ¿Pero estamos tontos? Un buen día faltaron a su palabra, se dejaron llevar por la lujuria, y casualmente él la abandonó poco después. ¡Como para seguir aguantándola!
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A partir de aquí, el mito se empieza a desmoronar. La señorita Spears, con 25 años, ya tiene dos hijos, casi ni canta, y lo peor de todo, ha abandonado la dieta y el gimnasio. Ya no está buena y hoy es el esperpento que arriba figura. Es la viva imagen del abandono. Una mujer triste que va de fiesta en fiesta en compañía de la perla por excelencia, Paris Hilton (¡gran cerebro!). Que si ahora se me sale un pecho del vestido, que si ahora me agacho y se me ve todo. Señora, su físico es realmente desagradable. Usted ya no provoca ni escándalo ni morbo. Más bien provoca muecas. Es lo que tienen las cosas desgradables.
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Estos días intenta volver a cantar: las críticas han sido criminales, tanto por su apariencia y su voz, como por su actitud. Dicen que en su vuelta a los escenarios parecía ir pasada de vueltas, como revolucionada ... no sé a qué se refieren exactamente, no querría pensar que además perder la virginidad antes de tiempo, además de ganar todos los quilos del mundo y además de dar pena cada día, se ha dado también a las drogas.
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Los yankees pierden a uno de sus mitos. Como mínimo aquí nos quedan Elsa Pataki i Kira Miró. Dios las conserve como están.

lunes, 23 de julio de 2007

El fin del mundo


Esta mañana estaba yo pululando por el Decathlon de L'Illa. Debían ser sobre las 10:45 cuando se ha ido la luz. El apagón ha sido inmediatamente respondido por un divertido "Ooooh!" por parte de los allí presentes y el disparo de todas las alarmas sonoras que se podían disparar. TODAS. De repente empiezan a aparecer señores de Prosegur y nos conminan a abandonar el establecimiento. Ante las urgencias y la cara de susto de los señores en cuestión, lo primero que piensas: "aviso de bomba". Pero no, informan que ha sido "sólo" un apagón. Yo en la puerta del Decathlon esperando acontecimientos, y mientras, delante mío, una señora indignada cuando era desalojada de la Mango, poque no podía completar sus compras. Cazurra, ¡no ves que las cajas no funcionan!

Desisto de esperar una reparación rápida y me voy a curiosear por el centro comercial. En un cajero automático, un señor maldiciendo y blasfemando porque, con la tarjeta dentro, el chisme se ha apagado. Las escalera mecánicas, evidentemente, han fallecido. En los ascensores parece que hay gente atrapada, y las barreras y cajeros del parquing no funcionan. Una vez observado el caos con la leve sonrisa de a quién no le va nada en todo esto, salgo a la calle. El desorden es generalizado. El tranvía se ha quedado tirado en medio de la calle Numancia. En las puertas de los edificios de oficinas se amontonan los empleados que, sin ordenador ni luz, se abandonan al ocio. Y camino de mi casa llega lo más arriesgado: cruzar la Diagonal sin semáforos. Nunca había pasado tanto miedo. He temido por mi vida e incluso le he dedicado una peineta a un transportista que casi me arrolla, acompañada de un "¡capullo!". Pero aquí estoy, sano y salvo.

Media ciudad se ha apagado. Resulta paradójico. En una época donde todo tiende hacia la autonomía; con teléfonos móviles, tarjetas de crédito, mandos a distancia, satélites, ordenadores portátiles, Internet, transporte público y carril bici, resulta que se quema un chisme y todo se nos va a tomar por culo. Nos sumimos en el caos y el alarmismo más absoluto, y ni podemos trabajar, ni comprar, ni desplazarnos, ni comunicarnos. Para colmo, si hacemos caso de los informativos, parece que estemos al límite de los disturbios, el pillaje y la anarquía más absoluta. ¡Anda ya!. Si no hay luz, enciende una vela. Si no funciona el móvil, llama desde un fijo o espérate. Y si no va el metro, coge el bus. Nos hemos vuelto unos comodones, unos pijos y unos lloricas. Cada vez que en nuestro súpersofisticado y súperavanzado sistema de vida falla algo, se nos cae el mundo encima. Hoy he visto mucha gente irritadísima. Hace años todos llamábamos desde la cabina y pagábamos en efectivo. Pues un poco de paciencia, coño.

¡Ah! lo mejor de todo ha sido que lo único que no ha resultado afectado, ha sido el servicio de cercanías de RENFE. Yo me parto.


sábado, 21 de julio de 2007

El abuelo dando guerra


Debo reconocer que mi adolescencia cinematográfica no fue especialmente brillante. Los títulos que me marcaron cuando andaba por 8º de EGB no eran en absoluto dignos de Óscar, pero qué le vamos a hacer. Si me quería reír, siempre estaban Bud Spencer y Terence Hill dando sopapos (Le Llamaban Trinidad, un clásico ...). Pero lo que más nos gustaba, y de lo que hablaba todo el mundo en clase era de Stallone en Rambo III, de Schwarzenegger en Terminator y Desafío Total, de Chuck Norris en Desaparecido en Combate, de Van Damme en Kickboxer (qué cabrón era Tsong Po, el malísimo de la saga) y, cómo no, de Bruce Willis en Jungla de Cristal. Era el cine de acción de los 90, infinitamente mejor que el actual, sin ordenadores y mucho más realista. Hoy ya estamos curados de espantos y vamos al cine sin que nada nos impresione. Nosotros quedábamos los viernes para merendar y ver las películas en VHS, y ahora, a los 13 años, ya pasan las tardes de los viernes haciendo cola en Up&Down. Qué pena.

Aquí empezó mi idilio particular con el ahora alopécico actor. Con el tiempo he descubierto referencias como Robert de Niro o Al Pacino, pero Bruce Willis tiene un no sé qué que me hace ver todas sus películas. De todos sus rivales en el cine de acción es el que tiene un físico más creíble y más común entre los mortales, y no como el gobernador de California. Es simpático y expresivo, no como Van Damme y Seagal, dos grandes sosos. Es un bruto con clase y sentido del humor. Y además cuenta con uno de los mejores doblajes del cine español: todo el mundo alaba a Joan Pera doblando a Woody Allen. Correcto, sí. Pero me quedo con Ramón Langa doblando a este señor, con su sonrisa de sobrado.

Después de verle salvar el edificio Nakatomi de Los Angeles en la primera entrega de La Jungla, vinieron dos secuelas muy en la línea. Eran más de lo mismo: secuestradores en el aeropuerto de Washington i terroristas en N.Y. Y él siempre los elimina, salva a los inocentes, destroza media ciudad, y acaba como un héroe. El argumento es francamente previsible, pero a mí me encanta la saga Die Hard. Qué le vamos a hacer, soy así de primario.

El 4 de septiembre llega la entrega 4.0, Live Free or Die Hard. Dudo que el argumento varíe demasiado: falta ver qué ciudad salva y qué actor encarna al malo, pero el resto será igual. Pues yo ya estoy impaciente. Tengo ganas de ver a Bruce Willis otra vez saltando. En los últimos años le he visto haciendo papeles cursis en Friends, intentando ir de dramático en El Sexto Sentido y en bodrios como Armageddon y Chacal. Sólo me ha convencido en Sin City (peliculón) y en El Quinto Elemento. Pero en septiembre vuelve con su gran personaje. Con 52 años, y ya calvo y desmejorado. Ya estoy ansioso por ver en que escena de acción trepidamente John McLane se para en seco, sonríe, y le dice al villano aquello de "Yippi kai ai, hijo de puta". A saber qué significa, pero cómo mola.

miércoles, 18 de julio de 2007

Sei grande


Ahora que el ciclismo vive sus peores momentos, ahora que ha perdido su crédito y ahora que todo el mundo -con razón- mira al ciclista con la duda de si está mirando a un tramposo, quiero acordarme de alguien. Del último gran ciclista, o como mínimo, del último que nos hizo vivir el ciclismo como algo épico.
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El Pirata era una persona afable y carismática. Con aquel carisma que despiertan algunos grandes campeones italianos que, lejos de ser atractivos como gladiadores, son más bien feos y simpáticos. Paolo Maldini i Alberto Tomba, por ejemplo, son grandes campeones y se le respeta. Pero Marco Pantani i Valentino Rossi tienen algo mucho mejor: el cariño de la gente. Porque han sido los mejores, pero sobre todo, porque la fama nunca les cambió y siempre fueron y serán los campeones del pueblo.
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Una vez acabado Indurain, me invadió cierto pesimismo. Algunos personajes se disputaban los galones de nuevo líder del ciclismo: un danés autista (Rijs), un suizo (Zülle) que no veía tres en un burro, un ruso mudo (Tonkov), un joven alemán duro pero sin clase (Ullrich) y un español (Olano) que nunca fue lo que muchos pretendieron que fuera. Ninguno nos convencía. Pero ahí, en medio de tanto campeón falto de carisma, saltó él.
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El espectador siempre se identifica con el escalador. Cuando la carretera se inclina más, cuando las condiciones son peores, cuando cada pedalada cuesta un mundo, el escalador, pequeño, ágil y agresivo, se levanta y ataca. Es el momento en que tú, desde tu sofá exclamas un "Oooh!" y se te dispara el pulso. Pues Marco era el mejor: siempre que la carretera subía, ya sabías que él iba a atacar, y sólo cabía ver cuándo. Los escaladores sacan ventaja en la montaña, pero lo pierden todo en la contrarreloj. Él fue la excepción. En el 98 le sacó 9 minutos a Ullrich en una etapa alpina de leyenda, franqueando la Croix de Fer i el Galibier con lluvia y frío. Épica pura. Luego consiguió dosificar su renta y llegó de amarillo a París. Tardaremos años en volver a ver a otro escalador puro ganando La Grande Boucle.
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Más tarde llegó Armstrong. El dictador de la carretera. Un superciclista que nunca cuajó entre los aficionados por su tiránico dominio de la carrera y probablemente también por su enemistad con el "amigo Marco". No toleraba los desafíos. En el 2000, subiendo el Mont Ventoux, Pantani lanza hasta cinco ataques demoledores y rompe la carrera. Armstrong le caza increíblemente antes de meta y le cede la victoria. ¿Reconocimiento o humillación? Me inclino por lo segundo. Y desde entonces le odié. Le odié por oscurecer el gran día del Pirata.
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A partir de ahí empieza su descenso. El deporte pudo con él. Los escándalos de doping, las deudas y los malos consejeros, hicieron mella en una personalidad débil. Una carrera deportiva abocada al fracaso, una autoestima por los suelos y un refugio de polvo se llevaron al Pirata. Poco me importa. Yo todavía lo veo de pie sobre la bici, pañuelo en la cabeza. Siempre atacando, entre la niebla y la lluvia. Y siempre sonriendo a su gente.

Descansen en paz



Esta mañana he hecho una prueba. Hace algunos meses que Cuatro emite algo llamado Smack Down, lo que vendría a ser el Pressing Catch del siglo XXI. Nunca me había propuesto mirarlo, supongo que temía la decepción de ver roto uno de mis grandes recuerdos de infancia. Hulk Hogan, El Último Guerrero, El Enterrador, Terremoto Earthquake, El Hombre del Millón de Dólares, Jake 'The Snake' Roberts, Macho Man, Los Sacamantecas y un largo etcétera. Yo, aún no un adolescente, me sentaba delante de la tele y alucinaba. Eran auténticos mitos. Superhombres. Y lo mejor, el 'Baile de San Vito' que hacía resucitar al Último Guerrero cuando ya parecía vencido. En fin, era un recuerdo del nivel de Oliver & Benji, el Equipo A o McGyver.

Un día, en la escuela, comenzó a correr un rumor que me hizo estremecer: "los de Pressing Catch no se pegan de verdad". No podía ser. Era casi peor que descubrir quiénes eran realmente los Reyes Magos. A partir de ese día pasé a mirar el programa con cierto recelo: "sí, quizá no le ha roto realmente la silla en la espalda" o "es posible que la silla eléctrica no le haya dolido y esté fingiendo". Pero en fin, no necesitaba saber la verdad. Seguí creyendo en mis superhombres hasta que Tele5 dejó de emitir. Entonces llegaron Gokuh, Músculman i Los Vigilantes de la Playa (coincidiendo con la entrada hormonal en la adolescencia) y los olvidé.

Pero hoy he dicho: "vamos a ver Smack Down". Una gran bazofia. Personajes sin ningún carisma, pésimos actores y realmente fofos (que yo recuerde, los de antaño estaban más cuadrados ... ). Un espectáculo de luz y color, con decenas de cámaras, pero sin ningún interés. Y si esto ya me ha decepcionado, peor ha sido escuchar la decadencia del gran Héctor del Mar, aquel narrrrrador a quien todos habíamos imitado. Ha caído en el abuso de la broma fácil y es una caricatura de lo que fue. Cuatro ejemplos cazados en los poco más de cinco minutos que he aguantado sin cambiar de canal: "este árbitro es más soso que un yogur de agua", "es más peligroso que un tiroteo en un ascensor", "más tierno que King Kong haciendo ganchillo" y "está más triste que Adán en el Día de la Madre". Ahí queda eso.

Pressing Catch ha muerto para mí (aunque Hulk Hogan y El Último Guerrero siempre estarán en mi memoria). Descansen en paz. Siempre me quedará Humor Amarillo. Pese a que ya no comenten los Gomaespuma, me sigo partiendo como el primer día viendo a unos 'japos' freakies saltando las zamburguesas, en el laberinto del Chinotauro, la tabla de planchar y los rollitos de Primavera. ¡Viva el coronel Takeshi!



martes, 17 de julio de 2007

Reivindica lo simple

El pasado domingo leía una entrevista a Matt Groening, el creador de Los Simpson. Es el típico ejemplo de genio despistado. Explicaba que diez minutos antes de la reunión con el que iba a ser el productor de la serie, dibujó en una servilleta amarilla unos monigotes que tenía en la cabeza, y de ahí el color de los habitantes de Springfield.

Pero hubo una frase que me llamó mucho la atención: “el público tiende a lo simple y siempre se identifica con el más estúpido. Por eso Homer es el personaje de la serie más querido”. Yo soy uno más de esos adeptos. He llegado a decir en voz alta que “de mayor quiero ser como él”. Despistado, desaliñado y despreocupado, causante de mil hecatombes, pero al fin y al cabo un triunfador que ha levantado una familia. Supongo que es porque sé que nunca seré así. En el mundo en que vivimos la imagen, la responsabilidad y las obligaciones son inevitables. Es imposible “sudar” de todo, como hace él. Pero me encantaría.

Y la verdad, sudar un poco más de las cosas es lo que deberían hacer algunos. Resulta que a sólo 10 días del estreno de 'The Simpsons, The Movie', los responsables de la promoción han hecho esto:


En un campo de Dorset, en el sur de Inglaterra hay una figura perfilada en unas colinas calcáreas: el gigante desnudo de Cerne Abbas. Mide 55 metros, dicen que data de hace más de 2.000 años. Y sí, como podéis apreciar, va erecto y empuña un garrote. Los cultos paganos siempre lo han considerado un dios de la fertilidad y mujeres de todo el mundo, aún hoy, viajan hasta Dorset para quedar preñadas. En fin ...
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Pues bien, estos días ha aparecido dibujado a su lado un Homer gigantesco, en gallumbos (bastante más digno que el señor erecto), y desafiándolo con un donut en vez de un garrote. Pues muchos ya han puesto el grito en el cielo (muchos freaks, se entiende). La Federación Pagana de Wessex dice que ya rezan para que llegue una lluvia mágica y borre la insolente y vergonzosa silueta de Homer. Poca feina, que dirían en Cataluña.
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Señores paganos federados, la lluvia no es mágica, es húmeda y poco más. Y desde aquí, desde la Federación de Admiradores de Homer Aún No Asociados, esperamos que no llueva. Que el Dios Sol seque la imagen bien rápido, para que así nuestros nietos y nietas puedan peregrinar a Dorset. No para ver un señor erecto con un garrote (lo que bien podría entenderse como la imagen del típico maltratador), sino para ver a un señor divertido, desenfadado y con una gran filosofía de vida: la de la SIMPLICIDAD.


Crack


Hagamos un ejercicio de suposición. Supongamos que un día te casas. Tienes un hijo que con el tiempo acaba siendo ligeramente rollizo. Te divorcias por razones que no vienen al caso y ves a tu orondo retoño sólo los fines de semana. Y un verano te iluminas: "Mira, me llevaré al chaval a los Sanfermines". No le daré kalimotxo, porque el crío aún es joven, no sea que con los años acabe como yo. Pero eso sí, lo voy a hacer un hombre. Le compro unos pantaloncitos bancos, un pañuelo rojo y lo pongo a correr delante de un Domecq de 500 quilos. El niño, que en clase de gimnasia nunca ha sido un privilegiado, hace lo que puede, corre, se pone rojo, resopla ... y tú a su vera, riendo orgulloso. "¡Qué bien lo pasemos!". Salís airosos de la experiencia y os metéis un chuletón para celebrarlo (por aquello de seguir colaborando en el desarrollo corporal del crío). Tú eres un crack y tu hijo va por el camino.

El Lunes vuelves a Madrid y se lo devuelves a su madre. Ya cuando abre la puerta percibes que no está de buen humor. "¿Qué tal por Pamplona ... bien, no?". Respuesta: "Pfff, lo normal, mucha gente y mucho guiri". Y entonces te dice "¿Sabes que Cuatro este año ha hecho unas retransmisiones de la ostia, no?". Ups. Marrón al canto. "Despídete del crío, que tardarás en verlo". Marronazo. Un juez sin sentido del humor, quizá una juez feminista y con cero comprensión, te quita el régimen de visitas. Has perdido al crío por un fin de semana. Un fin de semana de crack.