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Debo reconocer que mi adolescencia cinematográfica no fue especialmente brillante. Los títulos que me marcaron cuando andaba por 8º de EGB no eran en absoluto dignos de Óscar, pero qué le vamos a hacer. Si me quería reír, siempre estaban Bud Spencer y Terence Hill dando sopapos (Le Llamaban Trinidad, un clásico ...). Pero lo que más nos gustaba, y de lo que hablaba todo el mundo en clase era de Stallone en Rambo III, de Schwarzenegger en Terminator y Desafío Total, de Chuck Norris en Desaparecido en Combate, de Van Damme en Kickboxer (qué cabrón era Tsong Po, el malísimo de la saga) y, cómo no, de Bruce Willis en Jungla de Cristal. Era el cine de acción de los 90, infinitamente mejor que el actual, sin ordenadores y mucho más realista. Hoy ya estamos curados de espantos y vamos al cine sin que nada nos impresione. Nosotros quedábamos los viernes para merendar y ver las películas en VHS, y ahora, a los 13 años, ya pasan las tardes de los viernes haciendo cola en Up&Down. Qué pena.
Aquí empezó mi idilio particular con el ahora alopécico actor. Con el tiempo he descubierto referencias como Robert de Niro o Al Pacino, pero Bruce Willis tiene un no sé qué que me hace ver todas sus películas. De todos sus rivales en el cine de acción es el que tiene un físico más creíble y más común entre los mortales, y no como el gobernador de California. Es simpático y expresivo, no como Van Damme y Seagal, dos grandes sosos. Es un bruto con clase y sentido del humor. Y además cuenta con uno de los mejores doblajes del cine español: todo el mundo alaba a Joan Pera doblando a Woody Allen. Correcto, sí. Pero me quedo con Ramón Langa doblando a este señor, con su sonrisa de sobrado.
Después de verle salvar el edificio Nakatomi de Los Angeles en la primera entrega de La Jungla, vinieron dos secuelas muy en la línea. Eran más de lo mismo: secuestradores en el aeropuerto de Washington i terroristas en N.Y. Y él siempre los elimina, salva a los inocentes, destroza media ciudad, y acaba como un héroe. El argumento es francamente previsible, pero a mí me encanta la saga Die Hard. Qué le vamos a hacer, soy así de primario.
El 4 de septiembre llega la entrega 4.0, Live Free or Die Hard. Dudo que el argumento varíe demasiado: falta ver qué ciudad salva y qué actor encarna al malo, pero el resto será igual. Pues yo ya estoy impaciente. Tengo ganas de ver a Bruce Willis otra vez saltando. En los últimos años le he visto haciendo papeles cursis en Friends, intentando ir de dramático en El Sexto Sentido y en bodrios como Armageddon y Chacal. Sólo me ha convencido en Sin City (peliculón) y en El Quinto Elemento. Pero en septiembre vuelve con su gran personaje. Con 52 años, y ya calvo y desmejorado. Ya estoy ansioso por ver en que escena de acción trepidamente John McLane se para en seco, sonríe, y le dice al villano aquello de "Yippi kai ai, hijo de puta". A saber qué significa, pero cómo mola.


Pero hoy he dicho: "vamos a ver Smack Down". Una gran bazofia. Personajes sin ningún carisma, pésimos actores y realmente fofos (que yo recuerde, los de antaño estaban más cuadrados ... ). Un espectáculo de luz y color, con decenas de cámaras, pero sin ningún interés. Y si esto ya me ha decepcionado, peor ha sido escuchar la decadencia del gran Héctor del Mar, aquel narrrrrador a quien todos habíamos imitado. Ha caído en el abuso de la broma fácil y es una caricatura de lo que fue. Cuatro ejemplos cazados en los poco más de cinco minutos que he aguantado sin cambiar de canal: "este árbitro es más soso que un yogur de agua", "es más peligroso que un tiroteo en un ascensor", "más tierno que King Kong haciendo ganchillo" y "está más triste que Adán en el Día de la Madre". Ahí queda eso.
Pressing Catch ha muerto para mí (aunque Hulk Hogan y El Último Guerrero siempre estarán en mi memoria). Descansen en paz. Siempre me quedará Humor Amarillo. Pese a que ya no comenten los Gomaespuma, me sigo partiendo como el primer día viendo a unos 'japos' freakies saltando las zamburguesas, en el laberinto del Chinotauro, la tabla de planchar y los rollitos de Primavera. ¡Viva el coronel Takeshi!


El Lunes vuelves a Madrid y se lo devuelves a su madre. Ya cuando abre la puerta percibes que no está de buen humor. "¿Qué tal por Pamplona ... bien, no?". Respuesta: "Pfff, lo normal, mucha gente y mucho guiri". Y entonces te dice "¿Sabes que Cuatro este año ha hecho unas retransmisiones de la ostia, no?". Ups. Marrón al canto. "Despídete del crío, que tardarás en verlo". Marronazo. Un juez sin sentido del humor, quizá una juez feminista y con cero comprensión, te quita el régimen de visitas. Has perdido al crío por un fin de semana. Un fin de semana de crack.